La sabiduría popular

Melón

Las excelencias del melón

Enrique Vivas y Roberto Pelta

A pesar de que el refranero popular suele ser un pozo de sabiduría enraizada en nuestra más pura tradición, algunos de estos asertos son difícilmente explicables desde el punto de vista de la ciencia médica actual. El melón es una suculenta fruta de sabor agradable que pertenece a la familia de las cucurbitáceas, compuestas, en su mayor parte, por agua (92,8 por ciento). En cuanto a sus principios inmediatos solo posee un 0,4 por ciento de proteínas, 0,2 por ciento de grasas y 6,4 por ciento de hidratos de carbono, y su poder energético es de 29 calorías por cada 100 gramos. Estas virtudes lo convierten en el alimento ideal para complementar regímenes de adelgazamiento, por lo que cuesta trabajo aceptar que pueda resultar indigesto.

Posiblemente, la «mala fama» nocturna del melón en algunas zonas, se deba al abuso que antaño pueda haberse cometido de idigestiones exageradas de dicho fruto. Téngase en cuenta que el cultivo de este producto es fácil y barato, y en épocas de carestía alimenticia no es de extrañar que muchos individuos se hayan dado verdaderos «atracones» del mismo ante la ausencia de otros alimentos más energéticos. El elevado porcentaje de agua proporciona una fugaz sensación de plenitud, que se mantiene, aunque de forma momentánea, lo cual obliga a repetir la misma operación gastronómica en un corto espacio de tiempo. Cantidades excesivas de cualquier comestible a la larga pueden resultar dañinas, pero el melón, de acuerdo con su composición centesimal y cualitativa, no puede considerarse como alimento responsable de lo que vulgarmente se conoce con el nombre de cólico.

Los 100 mitos de la salud. (Adaptado). Temas de Hoy. Madrid, 1996.

(En Dominio – Curso de Perfeccionamiento – Nivel C. Madrid: Edelsa, 2011.)

Humacao, la perla de Puerto Rico

Puerto Rico

«La perla del oriente» o «La ciudad gris» son algunos de los nombres con los que se conoce el pueblo de Humacao, Puerto Rico. Esta pequeña localidad, ubicada en la costa este de la isla, toma su nombre del indio taino que la gobernaba en tiempos de la conquista española. Los nativos de este Pueblo se denominan humacaenos.

Humacao tiene cerca de de 59.000 habitantes repartidos por sus 15 vecindarios. Este Pueblo es rico en playas hermosas. Uno de los hoteles más famosos y exclusivos de la isla se encuentra allí, el Hotel Palmas del Mar. Humacao también posee museos y un enorme observatorio desde donde se pueden ver las galaxias más lejanas. En Humacao se produce café, arroz, tabaco y aceite de castor, pero su mayor industria, evidentemente, es el turismo.

El 8 de diciembre se celebran las fiestas a la Santa Patrona: La Inmaculada Concepción de María. El primer fin de semana de septiembre todos los humacaenos y visitantes disfrutan del Festival de la Pana durante el que se organizan eventos musicales, desportivos y culturales, y durante el que se cocinan muchas recetas típicas. ¿Hechas con qué? Con pana, por supuesto. La próxima vez que vengan a Puerto Rico, visiten nuestra «perla del oriente».

(En Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011)

El barrio Gótico de Barcelona

Plaza Ramón Berenguer III, muralla romana y Capilla Real, en Barrio Gótico.- BARCELONA

España

Barcelona es una ciudad de contrastes. Y después de visitar la ciudad moderna, un paseo por su Barrio Gótico nos hace olvidar los altos edificios y el ruido de los coches. El nombre de esta zona es debido a los monumentos góticos que posee. Pero es interessante saber que este barrio ocupa lo que fue, hace siglos, una antigua ciudad romana. Aquí, podemos visitar la «Plaza Nova», con dos torres semicirculares de la antigua muralla romana.

Podemos continuar nuestro paseo con una visita a la Catedral. Su construcción comenzó en el siglo XIII, y su fachada es del siglo XIX. El complejo de la Catedral comprende tres palacios medievales – Cases dels Canonges, Casa del Degà y Casa de l’Ardiaca. Desde allí, tenemos un bonito recorrido: después del Cloister, un agradable paseo cubierto, llegaremos al Puente de los Suspiros y a la Plaza de San Jaume. A continuación, veremos, en esta plaza, dos edificios: el «Palau de la Generalitat» o «Palacio de la Generalidad» y el Ayuntamiento. La Plaza de San Jaume está rodeada de estrechas calles, ideales para pasear. A continuación, seguiremos una estrecha calle llena de tiendas, para llegar a la Plaza del Rey. Esta plaza es una de las más nobles de Barcelona. Aquí, podemos visitar el Museo de Historia y también el Mirador del Rei Martí, para aquellos que quieran ver una vista panorámica del Barrio Gótico.

(En Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.)

El poder tiene miedo de Internet

Entrevista

Manuel Castells – Profesor de Sociología

Si alguien ha estudiado las interioridades de la sociedad de la información es el sociólogo Manuel Castells (Hellín, 1942). Su trilogía La era de la información: economía, sociedad y cultura ha sido traducida a 23 idiomas. Es uno de los primeros cerebros rescatados: volvió a España, a dirigir la investigación de la Universitat Oberta de Catalunya, en 2001, después de haber investigado e impartido clases durante 24 años en la Universidad de California, en Berkeley. Una de sus investigaciones más reciente es el Proyecto Internet Cataluña, en el que durante seis años ha analizado, mediante 15.000 entrevistas personales y 40.000 a través de la Red, los cambios que Internet introduce en la cultura y la organización social, y acaba de publicar, con Marina Subirats, Mujeres y hombres, ¿un amor imposible? (Alianza Editorial), donde aborda las consecuencias de estos cambios.

Pregunta. Esta investigación muestra que Internet no favorece el aislamiento, como muchos creen, sino que las personas que más chatean son las más sociables.

Respuesta. Sí. Para nosotros no es ninguna sorpresa. La sorpresa es que ese resultado haya sido una sorpresa. Hay por lo menos 15 estudios importantes en el mundo que dan ese mismo resultado.

P. ¿Por qué cree que la idea contraria se ha extendido con éxito?

R. Los medios de comunicación tienen mucho que ver. Todos sabemos que las malas noticias son más noticia. Usted utiliza Internet, y sus hijos, también; pero resulta más interesante creer que está lleno de terroristas, de pornografía… Pensar que es un factor de alienación resulta más interesante que decir: Internet es la extensión de su vida. Si usted es sociable, será más sociable; si no lo es, Internet le ayudará un poquito, pero no mucho. Los medios son en cierto modo la expresión de lo que piensa la sociedad: la cuestión es por qué la sociedad piensa eso.

P. ¿Por miedo a lo nuevo?

R. Exacto. Pero miedo, ¿de quién? De la vieja sociedad a la nueva, de los padres a sus hijos, de las personas que tienen el poder anclado en un mundo tecnológico, social y culturalmente antiguo, respecto de lo que se les viene encima, que no entienden ni controlan y que perciben como un peligro, y en el fondo lo es. Porque Internet es un instrumento de libertad y de autonomía, cuando el poder siempre ha estado basado en el control de las personas, mediante el de información y comunicación. Pero esto se acaba. Porque Internet no se puede controlar.

P. Vivimos en una sociedad en la que la gestión de la visibilidad en la esfera pública mediática, como la define John J. Thompson, se ha convertido en la principal preocupación de cualquier institución, empresa u organismo. Pero el control de la imagen pública requiere medios que sean controlables, y si Internet no lo es…

R. No lo es, y eso explica por qué los poderes tienen miedo de Internet. Yo he estado en no sé cuántas comisiones asesoras de gobiernos e instituciones internacionales en los últimos 15 años, y la primera pregunta que los gobiernos hacen siempre es: ¿cómo podemos controlar Internet? La respuesta es siempre la misma: no se puede. Puede haber vigilancia, pero no control.

P. Si Internet es tan determinante de la vida social y económica, ¿su acceso puede ser el principal factor de exclusión?

R. No, el más importante seguirá siendo el acceso al trabajo y a la carrera profesional, y antes el nivel educativo, porque, sin educación, la tecnología no sirve para nada. En España, la llamada brecha digital es por cuestión de edad. Los datos están muy claros: entre los mayores de 55 años, sólo el 9% son usuarios de Internet, pero entre los menores de 25 años, son el 90%.

P. ¿Es, pues, sólo una cuestión de tiempo?

R. Cuando mi generación haya desaparecido, no habrá brecha digital en el acceso. Ahora bien, en la sociedad de Internet, lo complicado no es saber navegar, sino saber dónde ir, dónde buscar lo que se quiere encontrar y qué hacer con lo que se encuentra. Y esto requiere educación. En realidad, Internet amplifica la más vieja brecha social de la historia, que es el nivel de educación. Que un 55% de los adultos no haya completado en España la educación secundaria, ésa es la verdadera brecha digital.

P. En esta sociedad que tiende a ser tan líquida, en expresión de Zygmunt Bauman, en que todo cambia constantemente, y que cada vez está más globalizada, ¿puede aumentar la sensación de inseguridad, de que el mundo se mueve bajo nuestros pies?

R. Hay una nueva sociedad que yo he intentado definir teóricamente con el concepto de sociedad-red, y que no está muy lejos de la que define Bauman. Yo creo que, más que líquida, es una sociedad en que todo está articulado de forma transversal y hay menos control de las instituciones tradicionales.

P. ¿En qué sentido?

R. Se extiende la idea de que las instituciones centrales de la sociedad, el Estado y la familia tradicional, ya no funcionan. Entonces se nos mueve todo el suelo a la vez. Primero, la gente piensa que sus gobiernos no la representan y no son fiables. Empezamos, pues, mal. Segundo, piensan que el mercado les va bien a los que ganan y mal a los que pierden. Como la mayoría pierde, hay una desconfianza hacia lo que la lógica pura y dura del mercado le pueda proporcionar a la gente. Tercero, estamos globalizados; esto quiere decir que nuestro dinero está en algún flujo global que no controlamos, que la población se ve sometida a unas presiones migratorias muy fuertes, de modo que cada vez es más difícil encerrar a la gente en una cultura o en unas fronteras nacionales.

P. ¿Qué papel desempeña Internet en este proceso?

R. Por un lado, al permitirnos acceder a toda la información, aumenta la incertidumbre, pero al mismo tiempo es un instrumento clave para la autonomía de las personas, y esto es algo que hemos demostrado por primera vez en nuestra investigación. Cuanto más autónoma es una persona, más utiliza Internet. En nuestro trabajo hemos definido seis dimensiones de autonomía, y hemos comprobado que cuando una persona tiene un fuerte proyecto de autonomía, en cualquiera de esas dimensiones, utiliza Internet con mucha más frecuencia e intensidad. Y el uso de Internet refuerza a la vez su autonomía. Pero, claro, cuanto más controla una persona su vida, menos se fía de las instituciones.

P. Y mayor puede ser su frustración por la distancia que hay entre las posibilidades teóricas de participación y las que ejercen en la práctica, que se limitan a votar cada cuatro años, ¿no cree?

R. Sí, hay un desfase enorme entre la capacidad tecnológica y la cultura política. Muchos municipios han puesto puntos Wi-Fi de acceso, pero si al mismo tiempo no son capaces de articular un sistema de participación, sirven para que la gente organice mejor sus propias redes, pero no para participar en la vida pública. El problema es que el sistema político no está abierto a la participación, al diálogo constante con los ciudadanos, a la cultura de la autonomía, y, por tanto, estas tecnologías lo que hacen es distanciar todavía más la política de la ciudadanía.

(El País – Edición impresa del Domingo, 06/01/2008.)

El rodeo y los «huasos»

Chile

«¡Arre!» Entre todas las fiestas y juegos tradicionales, el rodeo es uno de los más emocionantes, alegres y coloridos de Chile. Se originó hace muchos años como consecuencia del duro trabajo de los campesinos y su necesidad de ordenar el ganado. Cada primavera los animales son traídos desde los cerros, donde pasan el invierno. Este trabajo debe ser realizado por los hombres más fuertes y hábiles en el manejo del caballo y del lazo: los huasos. Viven principalmente en valles fértiles o en granjas con tierras cultivadas y su tarea es conducir a los animales bordeando precipicios, cruzando ríos, bajando y subiendo pendientes hasta llegar al corral. en esta travesía muchos vacunos se espantan y descarrían por lo que los huasos tienen que correr velozmente tras ellos, atajarlos con sus lazos y unirlos otra vez al grupo.

Cada año se celebra en Chile el Campeonato Nacional de Rodeo. Este juego ha ganado mucha fama (algunas rivalidades) ya que aquí se pone a prueba la capacidad, fortaleza física y destreza de estos cowboys chilenos, que se caracterizan por su orgullo, seguridad y picardía. El colorido de sus vestimentas y la de sus caballos reflejan el espíritu de tradición: sombreros, pantalones generalmente rayados, botas de cuero, espuelas adornadas y mantas o ponchos de colores vistosos. El rodeo consiste básicamente en imitar el trabajo de estos campesinos: atajar y controlar al ganado. Los jinetes corren de a pares. El novillo que va a ser corrido se lleva a una pista circular con portones que permiten su entrada y salida. Para comenzar, un arreador con grito estridente provoca la carrera del animal que busca la salida del corral. Entonces, los huasos deben tratar de alcanzarlo y detenerlo en un punto determinado, señalado con una bandera. Con espíritu deportivo, el fallo del jurado es riguroso y estricto. Este paisaje de fiesta se completa con la música, los bailes tradicionales y por supuesto, con una gastronomía especial típica del lugar.

(En Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.)

La Carretanagua

Nicaragua

Nicaragua es un país muy arraigado a tradiciones ancestrales, las cuales están presentes en casi todas sus costumbres y cultura. Muchas de estas tradiciones encierran profundas creencias en personajes fantasmagóricos o brujas, como La Mocuana, La Llorona y La Cegua. Pero quizás el más conocido y temido es el fantasma de La Carretanagua: una desvencijada carreta tirada por flaquísimos y viejos bueyes y conducida por La Muerte misma. La «Muerte Quirina», un terrorífico esqueleto envuelto en un sudario de sábanas blancas, cargando su guadaña amenazadora y rodeada de calaveras.

Algunos aseguran haber padecido una horrible fiebre luego de haberla visto, otros el haber perdido el habla por varios días. Dicen que recorre las calles oscuras, alrededor de la luna de la madrugada, haciendo mucho ruido a su paso ya que se trata de una carreta vieja y destartalada. Los que la oyen pasar temen asomarse por las ventanas y encontrarla es que según la superstición, el día siguiente de haberla visto, está marcado con la muerte de alguno de los de su pueblo. La misteriosa carreta se mueve muy rápido y al llegar a las esquinas desaparece, reapareciendo sobre otra calle atemorizando a animales y creando desasosiego y mucho miedo entre la gente.

La Carretanagua (o Carreta Nagua) es un símbolo muy fuerte en la mitología y folklore nicaragüense, en las que se amalgama un pasado doloroso y una imaginación creativa y supersticiosa. Con ella se recuerda a las persecuciones y torturas que sufrían los indios a manos de los conquistadores. Dicen que en los tiempos de la colonia, en el Siglo XVI, los españoles llegaban a medianoche en carretas buscando oro y riquezas sacando a los indios de sus caseríos; se los llevaban como esclavos encadenados a sus carretas. El mito de la Carretanagua parece haber nacido también de la necesidad de los nicaragüenses de darle forma material y concreta a un fenómeno tan incontrolable como la muerte.

(En Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.)

La violencia y las patrañas

Fernando Savater

El otro día me llamaron de un programa radiofónico para preguntarme por un tema de moda: la violencia juvenil. ¿Por qué son violentos los jóvenes actuales?», inquirió el conductor de la emisión, que pareció desconcertarse con mi respuesta: «¿Y por qué no iban a serlo? ¿No lo fueron también sus padres, sus abuelos y sus tatarabuelos?». Naturalmente ni antes ni ahora todos los jóvenes son violentos, pero en cualquier época lo han sido en suficiente número como para preocupar a la sociedad en la que vivían. Después de todo, para ser amenazadoramente violento hay en primer lugar que poder permitirse físicamente serlo y los jóvenes están en mejores condiciones a ese repecto que los veteranos del Inserso. Por eso la mayoría de las comunidades, primitivas o modernas, han desconfiado de la musculosa intransigencia juvenil y han procurado disciplinarla canalizándola hacia empleos socialmente rentables como la caza, la guerra, el deporte o el consumo dé vehículos ultrarrápidos de motor. Lo escandaloso no es realmente la violencia juvenil, posibilidad que en el fondo siempre se da por descontada y con la que muchos adultos cuentan para llevar a cabo proyectos a menudo poco edificantes, sino su ejercicio incontrolado o adverso a intereses aceptados como mayoritarios. Es entonces cuando se recurre al lamento y se buscan responsables sociales, entre los que nunca se olvida mencionar a la televisión y a los educadores. Veamos hasta qué punto con razón.En un reciente congreso sobre esta cuestión celebrado en Valencia, en el que participaron biólogos, sociólogos, políticos y tutti quanti, un experto americano se descolgó con la noticia de que si los adolescentes redujesen drásticamente su dosis cotidiana de televisión habría anualmente en USA cuarenta mil asesinatos y setenta mil violaciones menos (o al revés, da igual, después de todo se trata de una simple fantasía del buen hombre). Naturalmente, éste es el tipo de majadería seudocientífica que se convierte en un titularde prensa muy goloso y que luego es repetido por gente crédula precedido de la cantinela habitual: «Está demostrado que …». La reverencia por la televisión es tan grande que no hay efecto mágico- que no estemos dispuestos a reconocerle. Lo, mismo podríamos decir que la violencia televisiva tiene efectos catárticos y disuasorios sobre muchos, de modo que verla cinco horas al día desde la más tierna infancia ahorra por ejemplo ventisiete mil crímenes y treinta mil estupros anuales. No es extrañ que en el clima amedrenta do que fomentan estas declaraciones crezcan proyectos de censura audiovisual como el esbozado por el Gobierno en una especie de borrador de ley que se filtró en los medios de comunicación hace poco.

No voy a decir que la sobredosis de truculencia agresiva en la televisión sea inocua, ni siquiera la proliferación de simple estupidez en los programas de mayor audiencia. Tanto ahínco en la memez y la bajeza no constituye un buen síntoma. Pero ni los del GIA argelino, ni los talibanes, ni los jarraitxus, ni los neonazis, ni los que trafican con niños y luego los asesinan necesitan muchas muchas horas de televisión para aprender su barbarie. Las fantasías violentas pueblan nuestros juegos y nuestros sueños desde la infancia: lo grave es no saber cómo distinguirlas de la realidad y desconocer las razones civilizadas por las que debemos evitar ponerlas en práctica. Combatir la imaginación agresiva no resuelve el problema, porque ya sabemos, al menos desde Platón, que lo que distingue al justo del bruto no es la pureza de su fantasía, sino reconocer el mal con que se sueña y descartarlo como guía de acción en la realidad. Un psicoanalista infantil que trató sin remilgos estas cuestiones, Bruno Bettelheim, lo planteó así: «El predominio de imágenes de violencia en las películas y en la televisión estimula la descarga fortuita de violencia, mientras que al tiempo incrementa el temor a la violencia sin hacer nada por promover la comprensión de su naturaleza. Necesitamos que se nos enseñe qué debemos hacer para contener, controlar y encauzar la energía que se descarga en violencia hacia fines más constructivos. Lo que brilla por su ausencia en nuestros sistemas de educación y en los medios de comunicación es la enseñanza y promoción de modos de comportamiento satisfactorios con respecto a la violencia».

Es imposible enseñar nada válido acerca de la violencia si se empieza por considerarla un enigma de otro mundo, algo así como una posesión diabólica que sólo afecta a unos cuantos perversos. Y si la única recomendación que sabe hacerse frente a ella es la de renunciar a sus pompas y a sus obras como quien reniega del demonio, aborreciéndola por completo en pensamiento, palabra, imagen y gesto. Lo cierto (no diré «tristemente cierto» porque las cosas ciertas no son tristes, lo triste es creer en falsedades) es que la cofradía humana está constituida también por la violencia y no sólo por la concordia. ¿Acaso el uso coactivo de la violencia no resguarda las colectividades del capricho destructivo de los individuos o de la ambición de los megalómanos? ¿Acaso no se ha empleado la violencia para derrocar a las tiranías, para obligar a que fuesen atendidas las reivindicaciones de los oprimidos o para impulsar transformaciones sociales? Digámoslo claramente: un grupo humano en el que todo atisbo de violencia hubiese sido erradicado sería perfectamente inerte si no fuese impensable. Recordemos el políticamente incorrecto comportamiento de Cristo con los mercaderes del templo…

Tampoco es pedagógicamente aceptable establecer que a la violencia «nunca se ladebe responder con la violencia». Al contrario, lo adecuado es informar de que la violencia siempre acaba por ser contrarrestada con otra violencia y que en eso reside precisamente su terrible peligro aniquilador. Porque todos los hombres podemos y sabemos ser violentos: si no queremos serlo es porque consideramos nuestros intereses vitales resguardados por instituciones que no sólo representan nuestra voluntad política de concordia, sino también nuestra voluntad violenta de defensa o venganza. Apelar a la violencia particular para conseguir nuestros fines es un pecado, pero un pecado de imprudencia porque despierta el espectro feroz de la violencia general que si unas pautas racionales no controlan, nada podrá saciar salvo el exterminio mutuo. Y sin duda las instituciones democráticas no son pacíficas (es decir, incontaminadas por la violencia), sino pacificadoras: intentan garantizar coactivamente un marco dentro del cual las relaciones humanas puedan suspender sus tentaciones violentas sin excesivo riesgo de los individuos y permita que cada cual aprenda a utilizar armas de creación, persuasión o seducción, no destructivas. Por eso la desmoralización social que más fomenta la violencia proviene de ver que los violentos que actúan fuera de la ley -a veces, ay, diciendo representarla- quedan impunes o son recompensados con el éxito.

Vuelvo a la tierra, a mi tierra. En el País Vasco se han extendido una serie de patrañas peligrosas; sobre todo como pedagogía: la de que nuestra comunidad se divide sólo en pacifistas y terroristas, la de que toda violencia es igual venga de donde venga y a lo que venga, la de que quien está en prisión por haber asesinado es una víctima de su carcelero y no un culpable al que se intenta hacer desistir de su agresividad para que no hayan de ser los ofendidos quienes se tomen la justicia por su mano, la de que los jóvenes son «criminalizados» por quienes intentan evitar que cometan crímenes y no por los que les animan a cometerlos, etcétera.

El País, 13/10/1996.

El gaucho, habitante del campo

gaucho uruguayo

Uruguay

Se lo conoce como cowboy en Norteamérica, como llanero en Venezuela y como gaucho en la pampa argentina y en el Uruguay. Es, simplemente, el habitante típico de las zonas rurales en el continente americano. En Uruguay, el gaucho es figura importante del folclore nacional ya que simboliza la libertad y la individualidad. Las representaciones poéticas del gaucho lo describen como el ideal de valentía e independencia. Pero más allá de cóo lo presenten la música, la literatura, y la pintura, este personaje constituye un símbolo importante dentro de la cultura uruguaya.

Si nos acercamos a la realidad, el gaucho es el hmobre de campo que trabaja principalmente arreando ganado. En su imagen estereotípica, siempre está acompañado de un caballo que, además de servirle de transporte, es una de las pocas posesiones materiales que se asocian con el modo de vida gauchesco. En la actualidad, el caballo sique siendo una pieza fundamental de las activdades que el gaucho realiza en el campo. Tradicionalmente, el gaucho contaba también entre sus posesiones con el facón y las boleadoras, que le servían como arma y como herramienta de trabajo. El facón es un cuchillo largo que los gauchos llevan en la espalda, colgando del cinturón, para múltiples usos, ya sea para defensa personal, para comer, o para cuerear las vacas. Hoy en día siguen usándolo, principlamente, a la hora de trabajar. Las boleadoras son dos piedras redondeadas unidas por una cuerda hecha con cuero trenzado.

Una hendidura que recorre el exterior de las piedras permite atar la cuerda de forma que las piedras estén bien aseguradas y no se escapen. Los gauchos las utilizaban para atrapar al ganado cimarrón o salvaje y para cazar ñandúes. Actualmente las boleadoras ya no se usan porque el ganado es doméstico con lo cual este instrumento resulta innecesario.

El gaucho sigue siendo fácilmente distinguible por sus vestimentas. Usa bombachas o chiripá(un pantalón de pierna ancha ajustado a la cintura con una
faja o cinto) que puede ser de tela o cuero con decoraciones en plata u otros metales. El atuendo se complementa con una camisa y pañuelo al cuello. Lleva también un sombrero de ala ancha sujetado al mentón con una cinta que le permite cabalgar sin temor a perderlo. El abrigo tradicional es el poncho, que resulta ideal para mantener el calor en las madrugadas frías en las que sale a cabalgar . En los pies usa botas de cuero, también pensadas para las cabalgatas, ya que debe proteger los pies y piernas del continuo roce con los estribos. Cuando no está encima de su caballo, el gaucho puede verse usando alpargatas, un tipo de calzado llegado de Europa.

En Montevideo, un museo rinde homenaje a la figura del gaucho. Allí se pueden apreciar representaciones tradicionales de este personaje durante sus horas de ocio, ya sea jugando a la taba (un juego típico del campo), tomando mate, o fumando un cigarro armado por él mismo. En tacuarembó, uno de los departamentos norteñós del país se conmemoran las costumbres gauchesas con la Fiesta de la Patria Gaucha en el mes de febrero o de marzo. Durante su celebración, a la que muchos de sus asistentes concurren a caballo, se realizan activadades tradicionalmente asociadas con las tareas del campo. Está presente la música folclórica con sus guitarras, así como el asado con cuero, y varias pruebas de destereza como las jineteadas, las domas y las cabalgatas. Este tipo de fiestas contribuye a fomentar la identidad nacional uruguaya, dentro de la que el gaucho conserva, aún hoy, un lugar destacado.

En: Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.

La pollera panameña

Pollera panameña

Panamá

La pollera es a Panamá, lo que el mojito es a Cuba, el tango a la Argentina, o el carnaval a Brasil: un orgullo, un símbolo de nacionalidad, identidad y pertenencia. Entre las vestimentas y trajes típicos del mundo, la pollera panameña sobresale como uno de los más espetaculares y distinguidos. La mujer que la lleva derrocha gracia en sus movimientos, elegancia en su andar y atrae las miradas de todo aquel con quien se topa en su camino.

Si bien hay variaciones en todas las regiones del país, existen principalmente dos tipos de pollera: la pollera montuna, que es la de vestir de diario o de trabajo; y la pollera de encajes o de gala, que es la que se usa para festejos o motivos importantes y que es una versión más elaborada de este vestido nacional. Acompañando a la pollera y, según el caso, las mujeres completan la vistimenta con diferentes accesorios.

La pollera montuna, ancha y confeccionada con tela calicó (de algodón), suele usarse con basquiñas o chambras: ambas con blusas, pegada al cuerpo la primera, y más suelta la segunda, que pueden ser blancas o de color.

Este conjunto puede terminarse con el cabello con trenzas y flores naturales, con un sombrero de paja o con peinetas doradas y algunos tembleques (flores hechas a mano que pueden ser de diferentes materiales, desde un fino alambre enroscado hasta escamas de pescado y seda).

La pollera de encajes, la más lujosa y delicada, ancha y con dos o tres divisiones, está muy decorada con lanas y cintas. Se usa con una blusa amplia de lino y también está confeccionada con bordados y encajes. Para vestir sus cabellos, las mujeres lucen este traje con peinetas importantes que pueden ser de oro y tembleques (generalmente blancos), en el resto de la cabeza.

Este vestido de gala se adorna con gran cantidad de joyas: cadenas, aros, pulseras, anillos y hebillas son solo algunas de ellas, que pueden ser de oro, perlas o piedras preciosas. Los zapatos se llaman chapines y pueden ser de satén o terciopelo, en general, muy planos y con una hebilla de oro, encajes y cintas.

Históricamente no hay muchos archivos, ni detalles exactos que revelen el origen de la pollera panameña, aunque algunos reconocen sus raíces en España.

En: Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.

Te Quiero (Mario Benedetti)

Mario Benedetti

 
Tus manos son mi caricia, 
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos 
trabajan por la justicia.
 
Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
 
Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
 
Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.
 
Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
 
Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.
 
Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.
 
Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso.
 
Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.