​La evaluación en la era de la IA: el «talón de aquiles» de la enseñanza

Susana Copertari

Docente del Doctorado en Educación. Tecnologías Educativas y Emergentes
Facultad de Humanidades y Artes – Universidad Nacional de Rosario
Santa Fe, Argentina

La evaluación es el «talón de aquiles» de la educación. La irrupción de la IAG (Inteligencia Artificial Generativa) como un gran lenguaje, ha hecho obsoleto los métodos tradicionales, pues ya no se trata de medir la retención de datos o la producción de textos, sino el proceso de pensamiento, la aplicación y la creación humana original.

El nuevo paradigma en la era postdigital de la «datificación» desplaza el foco del «qué» al «cómo» y «por qué». El estudiante debe demostrar que sabe formular preguntas correctas a la IA, evaluar críticamente sus respuestas (identificar sesgos o alucinaciones), y sintetizar esa información con sus propias ideas para crear algo nuevo.

Estrategias clave para reevaluar:

  • ​proyectos y productos tangibles: crear prototipos físicos, podcasts o eventos que la IA no puede ejecutar.
  • evaluación auténtica/metacognitiva: simulaciones de casos complejos y roles donde la IA es una herramienta de análisis, no la solución final.
  • ​defensa oral (viva voce): el estudiante debe defender su trabajo para demostrar una comprensión profunda y genuina.
  • ​portafolios de proceso: evaluar el «cómo» pensaron, incluyendo borradores, las preguntas hechas a la IA y la reflexión sobre sus respuestas.
  • ​evaluación colaborativa: proyectos en grupo, debates y diálogos socráticos, valorando la dinámica humana.

​El nuevo rol del docente es ser un «diseñador de experiencias» y «guía del pensamiento crítico», que formula preguntas poderosas. La IA es la «nueva calculadora de las humanidades»: no se evalúa si el estudiante escribe a mano, sino si sabe usar todas las herramientas a su disposición para pensar y resolver problemas complejos de manera efectiva.

​El portafolio de proceso se centra en la metacognición, el «cómo pensó, cómo decidió y cómo usó la IA» el estudiante, en lugar de solo entregar el producto final. La defensa oral (o viva voce) es la mejor herramienta para asegurar que el conocimiento está genuinamente anclado en el estudiante, ya que la IA no puede sostener una conversación crítica y espontánea. Por ejemplo: análisis de perspectiva y sesgo: «pídele a la IA que te genere un discurso de un monárquico y otro de un líder revolucionario. Luego, identifica los sesgos en cada uno (ejemplo, uso de lenguaje, omisión de datos) y escribe un informe crítico de quinientas palabras justificando cuál de los dos es históricamente más ‘peligroso’.»

El objetivo de estas reformulaciones es que el estudiante use la IA como un asistente de investigación para obtener datos, argumentos o perspectivas iniciales, pero el valor final (el análisis, la síntesis, la crítica o la solución creativa) él decide.

Ambas estrategias buscan un valor humano único: la reflexión consciente (metacognición), la capacidad de aplicar, defender y justificar las decisiones tomadas en un proceso creativo donde la IA es solo una herramienta de apoyo. El tiempo humano se transforma.

In Linkedin 30/11/2025

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Las Regiones de España

Microcredenciales y aprendizaje modular: el currículo del futuro

Giuseppe Marzano, PhD

Decano Business School | Liderazgo Educativo @ Universidad Internacional del Ecuador (UIDE) #EducaciónSuperior

14 de octubre de 2025

El cambio de paradigma

Durante siglos, la educación superior se organizó en torno a títulos largos, lineales y relativamente rígidos: una licenciatura de cuatro o cinco años, seguida quizá de un posgrado. Ese esquema sigue vigente, pero hoy enfrenta un cuestionamiento profundo. En un mundo laboral en constante mutación, muchos estudiantes y profesionales buscan trayectorias formativas más cortas, flexibles y adaptables, que se ajusten a sus necesidades inmediatas sin renunciar a la posibilidad de acumular aprendizajes a largo plazo.

Qué son las microcredenciales

Las microcredenciales —también conocidas como digital badges, nano degrees o certificados modulares— son unidades de aprendizaje breves, específicas y verificables, enfocadas en competencias concretas. Pueden obtenerse en semanas o meses, y a menudo se emiten en formato digital con trazabilidad en blockchain u otras plataformas que garantizan autenticidad. Su atractivo radica en que pueden acumularse y articularse para construir títulos más amplios, ofreciendo así un puente entre la formación continua y los grados universitarios tradicionales.

Empleabilidad y mercado laboral

El auge de las microcredenciales responde a una presión evidente: las empresas ya no valoran únicamente un diploma final, sino también la capacidad de demostrar competencias prácticas y actualizadas. Un profesional con varias microcredenciales en análisis de datos, liderazgo de equipos ágiles o marketing digital puede probar habilidades inmediatas ante un empleador. Sin embargo, este modelo abre un debate crítico: ¿cómo evitar que la formación se fragmente en cursos aislados y pierda la coherencia de un currículo integral?

El desafío de la calidad

La proliferación de microcredenciales plantea riesgos serios. No todos los programas tienen el mismo nivel de exigencia, y la ausencia de marcos de acreditación claros puede derivar en credenciales de bajo valor real. Aquí, las universidades tienen una responsabilidad clave: diseñar estándares de calidad, establecer rutas de acumulación coherentes y garantizar que estas piezas formativas se articulen en un proyecto educativo integral. La pregunta no es si las microcredenciales sustituyen a los títulos, sino cómo ambas formas de certificación pueden complementarse.

Hacia un currículo híbrido

Lo que emerge es un modelo híbrido: los títulos universitarios se abren y se modularizan, integrando microcredenciales que permiten a los estudiantes personalizar su trayectoria y avanzar a su propio ritmo. Este enfoque también democratiza el acceso: quienes no pueden cursar un grado completo pueden obtener credenciales parciales con valor en el mercado, sin quedar excluidos del sistema educativo. El futuro del currículo parece ser menos lineal y más acumulativo, donde la suma de aprendizajes concretos construye perfiles profesionales únicos y flexibles.

Conclusión

Las microcredenciales no representan la disolución de la universidad, sino una oportunidad para repensar su promesa social: formar profesionales capaces de aprender de manera continua, adaptarse a contextos cambiantes y certificar competencias con transparencia. El reto será mantener la coherencia académica y el sentido de integralidad en un mundo donde el aprendizaje se fragmenta en piezas más pequeñas. Si la universidad logra integrar la flexibilidad con la calidad, las microcredenciales pueden convertirse en uno de los pilares de la educación del siglo XXI.

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