Pescando con «caballos»

Perú

A 450 kilómetros al norte de Lima, en el departamento de La Libertad, se encuentra una famosa caleta llamada Huanchaco donde los pescadores del lugar siguen la costumbre de sus antepasados al salir al mar en unos rústicos botes hechos de caña llamados «caballitos de totora». Esta frágil balsilla a simple vista pero resistente a la furia marina es la herencia de la cultura mochica, que habitó esta zona costera del Perú hace más de 1.200 años. Desde esa fecha, los humildes pescadores de este lugar se ganan la vida sacando los frutos del mar de esta forma.

Este medio de transporte ya aparecía grabado en las cerámicas pre-incas. Se les llamaba tup en lengua mochica, pero cuando llegaron los colonizadores españoles a este reino fueron rebautizados como «caballitos», por la forma en que los indígenas se montaban en ellos para salir al mar. Los caballitos miden entre tres y cuatro metros de largo por metro o metro y medio de ancho, y son de forma alargada. La materia prima para hacer esta pequeña embarcación es la caña de totora que crece cerca de esta caleta de pescadores. Una vez que la totora ha alcanzado su máximo desarrollo es cortada desde su base para luego ponerla a secar en la arena de la playa.

De allí, manos expertas prensan los carrizos tejiendo una popa ancha hasta finalizar con una fina proa arqueada en punta. Este ritual de construcción continúa llevándose a cabo desde hace siglos.

Muy de madrugada, como caballeros en sus corceles los huanchaqueros o pescadores salen en busca del jurel, chita o corvina. Observar a los pescadores navegando hábilmente en sus míticos caballitos es un espetáculo turístico.

Los curtidos hombres regresan del mar antes del mediodía con sus canastillas repletas de pescados cuando la pesca es buena. Luego, las embarcaciones son puestas de pie en la arena como vigilantes mirando hacia el mar.

Lamentablemente esta actividad parece extinguirse por el escaso interés de las nuevas generaciones. Muchos de los hijos de los huachaqueros viajan a Lima a buscar un futuro mejor. El desaliento también tiene que ver con la poca pesca debido a la actual presencia de barcos arrastreros que arrasan con todos los peces que encuentran a su paso. La dificultad por encontrar los totorales hoy día por la acelerada urbanización de Huanchaco también está actuando en contra para que, en un futuro próximo, esta milenaria actividad pesquera pueda quedar solo en recuerdo.

En: Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.

La siesta en Argentina

La siesta

Argentina

Zzzzzzzzzzzz….. ¡Cómo me tiraría a descansar un ratito! ¡Qué modorra! ¿A quién no le da sueño luego de almozar?

La siesta es una costumbre extendida en la mayoría de las provincias del interior de Argentina y en muchos pueblos de Latinoamérica, aunque menos en las grandes ciudades.

La palabra siesta proviene del latín sixta, que significa «la sexta hora del día». Entre los romanos correspondía al mediodía, las horas comprendidas entre las 13 y 16 horas. Nosotros relacionamos a la siesta con el sueño pero, en realidad, la siesta es el reposo (acompañado o no del sueño) que suele seguir a la comida del mediodía. El que disfruta de una siesta entonces, duerme un rato o simplemente se relaja unos instantes del almuerzo.

Los detractores de esta costumbre la relacionan con holgazanería pero, en realidad, existen varios estudios que afirman que unos minutos de relax en la mitad del día ayudan a recuperar energías, descargar ansiedades, desbloquear la mente y estimular la creatividad. En lugares con altas temperaturas, donde el clima del medidodía es agotador, la siesta se convierte en la excusa perfecta para resguardarse del calor excesivo y no perder fuerzas.

Pero, como en todo en la vida, el equilibrio es fundamental, ya que el prolongado descanso vespertino podría alterar el ciclo normal del sueño. Los especialistas recomiendan siestas entre 15 y 30 minutos diarios y nunca más de 40.

En las grandes ciudades suele escucharse la queja famosa de «no tengo tiempo para la siesta» porque en la mayoría de los casos se la confunde con la acción de «meterse en la cama a dormir»; sin embargo, un simple relax de 20 minutos en algún sofá basta para aliviar tensiones, descansar y seguir con las actividades. Otras investigaciones aseguran que el efecto reparador de este descanso previene el envejecimiento y alarga la vida. De hecho, los efectos inmediatos de una buena siesta se reflejan en la luminosidad de la cara y en el buen humor. ¿Descansamos un raro?

En: Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.

De tapeo

Tapas

España

Ir de tapas es una costumbre culinaria a la que pocos amantes del buen comer se niegan. Estos platos, tan pequeños como vistosos, han sobrevivido a través de los siglos y son, sin duda, los reyes de la vida social española.

Aunque las recetas y modalidades varían según la región donde las comamos, las normas del tapeo son compartidas por todos los españoles: acudir en grupo, pedir varias tapas para comerlas con el resto, beber un vinillo para alegrar el alma y hablar sin parar. De hecho, si se observa a las personas que están alrededor de una mesa con tapas parece que muestren un elegante desprecio hacia la comida y es que, en realidad, se da prioridad al gesto y a la buena charla entre amigos.

La existencia de las tapas se la debemos al rey Alfonso X ya que fue bajo sus órdenes que los mesones castellanos empezaron a servir las copas y jarras de vino acompañados con algo de comida. Con esta nueva norma, el monarca pretendía que el alimento se empapara del alcohol y el vino no subiese tan rápido a la cabeza de los asiduos a las tabernas, evitando así peleas y otros alborotos.

A pesar de ser un manjar apto para todos los bolsillos, las tapas y su relación con la alta alcurnia no es poca, pues deben también su nombre a otro monarca. Cuenta la leyenda que el rey Alfonso XIII, de visita en la provincia de Cádiz, decidió entrar en el Ventorrillo del Chato – una venta que hoy en día aún existe para refrigerarse y descansar un rato. El camarero le llevó una copa de jerez al monarca y cuando la depositó en la mesa una ventisca de arena entró por la ventana.

Muy avispado, el mozo tuvo la idea de tapar la copa con una loncha de jamón para evitar que la arena (o algún bichito volador) arruinara el vino, disculpándose ante el rey por «colocar una tapa» para proteger el jerez. Le gustó tanto el ingenioso sobrenombre a Alfonso XIII que al rato pidió otra copa de jerez «pero con otra tapa igual». Los miembros de la Corte que le acompañaban imitaron el pedido y, desde entonces, la historia cuenta que la comida que acompaña a la bebida en los aperitivos recibe el nombre de tapas.

De las lonchas de  jamón o queso que constituían las primeras tapas de la historia se ha pasado a una variedad tal que supera toda imaginación. Chocos, patatas bravas, aceitunas rellenas, boquerones, croquetas, champiñones al ajillo, embutido, pescaíto frito, sepia a la plancha, gambas, tigres, bombas, chistorra o pulpo a la gallega, son algunas de las más demandadas. Como acompañamiento, no puede faltar el vino o la sangría, aunque cada vez más, se está imponiendo la cerveza. ¿Alguien se apunta a unas auténticas tapitas?

En: Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.

¿Quién es el jíbaro?

Puerto Rico

El jíbaro es el orgullo de Puerto Rico. Representa al hombre trabajador del campo. Su figura simboliza la honestidad y el sentimiento de lucha del pueblo puertorriqueño.

El jíbaro es humilde. Viste pantalones anchos, camisas holgadas a medio abrochar y un sobrero de paja, la pava, sobre su cabeza para cubrirse del sol candente del Caribe. La pava también se ha convertido en símbolo de nuestro país. El jíbaro es luchador, pobre, pero lleno de sueños. Contra viento y marea, se mantiene fuerte. Así es el pueblo de Puerto Rico. Así es el puertorriqueño y el jíbaro se mantiene vivo para recordarnos lo que somos. Nuestro famoso compositor, Rafael Hernández, supo de su importancia y le escribió una canción: El Jíbaro.

En: Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.


Escucha la canción Lamento Borincano, de Rafael Hernández («El Jibarito»), con Daniel Santos


Guernica

Guernica

Francisco Ugarte

La mejor muestra de la obra de Picasso es el famoso cuadro Guernica qué pintó durante la Guerra Civil. El gobierno republicano de Madrid le comisionó un óleo para conmemorar la guerra. En principio, Picasso no sabia como crearlo, pero después de enterarse de los bombardeos nazis de la pequeña e indefensa ciudad vasca de Guernica, empezó a trabajar frenéticamente. El resultado fue el cuadro que lleva el mismo nombre de esa ciudad.

Es un cuadro asombroso y lleno de horror, que continúa la tradición humanista y antibélica de Goya. La primera impresión que da la obra es de caos e irracionalidad. Los objetos y los seres humanos están esparcidos a lo largo del cuadro de una manera que desobedece a la lógica. A la izquierda se encuentran un toro bravo mirando en varias direcciones, una mujer con su hijo muerto y un soldado en el suelo, agarrando una espada. En el medio está el sol, dentro del cual hay una bombilla eléctrica; también hay un caballo que está a punto de caer. Hacia la derecha, la cabeza de alguien mira por una ventana, con una vela en la mano para ver mejor el desastre. También se ve una casa ardiendo y una persona con los brazos en el alto, en un gesto de temblor y asombro. Casi todas las figuras humanas miran temerosamente hacia arriba, lo cual sugiere la caída de las bombas. Cada detalle acentúa el horror de la situación. La manera simple en que están pintados los ojos, las manos y las llamas da la impresión de que una fuerza inhumana (quizás la arbitrariedad, quizás la irracionalidad) se encarga de la ordenación.

(UGARTE, Francisco y otros. España y su civilización. New York: McGraw-Hill, 1999. p. 159-60.)