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Repensar la educación en tiempos de IA: tres claves desde UNESCO

Giuseppe Marzano, PhD

Decano Business School | Liderazgo Educativo @ Universidad Internacional del Ecuador (UIDE) #EducaciónSuperior

16 de setembro de 2025

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la educación no es una moda pasajera. Como señala el reciente informe de UNESCO AI and the future of education: Disruptions, dilemmas and directions (2025) https://doi.org/10.54675/KECK1261, estamos ante un cambio que obliga a repensar cómo, para quién y con qué fines educamos.

En este artículo quiero detenerme en tres ideas clave que resuenan con fuerza en el documento y que, creo, deben guiar nuestras conversaciones educativas en América Latina.

1. Desigualdad de acceso

UNESCO recuerda que, mientras debatimos sobre los usos pedagógicos de ChatGPT o los asistentes virtuales, un tercio de la humanidad sigue desconectada. El acceso a la IA más avanzada no depende solo de tener un dispositivo: también entran en juego la infraestructura, las suscripciones pagadas y —un factor menos visible— la ventaja lingüística.

Hoy, los modelos más potentes están entrenados en inglés y en unos pocos idiomas dominantes, lo que significa que los saberes, valores y cosmovisiones que circulan en ellos están filtrados por esa lente. En América Latina esto plantea un reto doble: invertir en conectividad para cerrar la brecha digital y, al mismo tiempo, desarrollar modelos que reconozcan nuestras lenguas y contextos culturales. De lo contrario, quedaremos como consumidores pasivos de narrativas externas, en lugar de ser co-creadores de conocimiento.

2. El papel insustituible del docente

Frente a la narrativa simplista de que “la IA reemplazará a los maestros”, el informe insiste: el docente sigue siendo central. Su rol ya no es el de transmisor exclusivo de contenidos, sino el de diseñador intencional de experiencias de aprendizaje, guardián de la autonomía intelectual de los estudiantes y mediador de su pensamiento crítico.

La IA puede ayudar a automatizar tareas administrativas, ofrecer retroalimentación inmediata o ampliar recursos de aprendizaje. Pero lo que no puede sustituir es la dimensión humana del acompañamiento: la empatía, la intuición pedagógica, la capacidad de leer silencios, de motivar en la dificultad o de generar confianza en un aula diversa. La pregunta que deberíamos hacernos no es si la IA reemplazará a los docentes, sino cómo podemos fortalecer su liderazgo en un ecosistema híbrido.


3. Ética y gobernanza

El tercer punto es quizás el más decisivo. UNESCO advierte que no basta con “adaptarse” a la tecnología: necesitamos gobernarla desde una ética del cuidado. Esto implica diseñar políticas públicas que prioricen la justicia social, la inclusión y los derechos humanos, en lugar de dejar el rumbo educativo en manos de los intereses comerciales de unas pocas empresas.

Kaśka Porayska-Pomsta e Isak Nti Asare, dos de los autores del volumen, lo expresan con claridad: la ética no puede añadirse después como “parche”, sino que debe estar incorporada en el diseño mismo de los sistemas de IA aplicados a la educación. La diferencia es crucial: de un lado, una IA que potencia la equidad; del otro, una IA que profundiza la exclusión y la vigilancia.

¿Qué significa esto para nuestras escuelas?

Significa que no podemos quedarnos atrapados entre el optimismo ingenuo (“la IA lo resolverá todo”) y el rechazo alarmista (“la IA arruinará la educación”). Lo que necesitamos es crear espacios de diálogo colectivo, donde docentes, estudiantes, familias y comunidades puedan imaginar futuros posibles, disputar los imaginarios dominantes y asegurar que la educación siga siendo un bien público.

Como recuerda Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación de UNESCO:

“Futuros inclusivos y éticos de la IA en la educación no solo son necesarios, sino posibles. Pero requieren solidaridad y liderazgo valiente”

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¿Pánico moral en la educación?

Giuseppe Marzano, PhD

Decano Business School | Liderazgo Educativo @ Universidad Internacional del Ecuador (UIDE) #EducaciónSuperior

El artículo de The Washington Post, “The AI cheating panic is missing the point” (https://www.washingtonpost.com/opinions/2025/08/28/gen-z-ai-cheating-panic 28 de agosto de 2025), sostiene que el debate actual sobre la Inteligencia Artificial en la educación está mal enfocado. El verdadero problema no es que los estudiantes usen ChatGPT u otras herramientas para “copiar”, sino que los sistemas educativos no les están enseñando a utilizarlas con criterio y responsabilidad.

Este fenómeno no es nuevo. En el pasado, la llegada de la calculadora, Internet o Wikipedia generó preocupaciones similares. Con el tiempo, esas tecnologías se incorporaron de manera natural al aprendizaje. Hoy ocurre lo mismo con la IA: el desafío no es prohibir, sino integrar.

Como recuerda el artículo, “el debate sobre la IA se centra demasiado en detectar trampas y muy poco en preparar a los estudiantes para un mundo donde estas herramientas serán inevitables”. Esta afirmación revela un vacío pedagógico: los alumnos carecen de formación estructurada para diferenciar entre usos legítimos e ilegítimos, útiles o engañosos. El riesgo principal no es la trampa, sino la falta de competencias críticas para desenvolverse en un entorno marcado por la IA.

Además, The Washington Post advierte que esta carencia amplía la brecha de equidad. Los estudiantes con más recursos acceden con mayor facilidad a la IA y a mentores que los guían en su uso, mientras que aquellos que dependen únicamente de la escuela suelen recibir mensajes centrados en la prohibición. Este desequilibrio profundiza desigualdades ya existentes. De allí surge una pregunta clave: ¿Qué tipo de ciudadanos se están formando si unos aprenden a usar la IA con libertad y ventaja, mientras otros solo reciben restricciones?

La conclusión del artículo es clara: “La pregunta esencial no es cómo evitar que los estudiantes hagan trampa con la IA, sino cómo asegurar que todos los estudiantes estén preparados para un mundo en el que la IA estará en todas partes”.

Para responder a este reto, la educación necesita una agenda de transformación:

  1. Reconocer la IA como parte del entorno educativo: dejar atrás el discurso de la prohibición y asumir su integración.
  2. Definir lineamientos claros: elaborar guías prácticas sobre el uso legítimo y responsable de la IA en escuelas y universidades.
  3. Formar a los docentes: ofrecer capacitación continua en uso pedagógico, ética y potencial de la IA.
  4. Construir competencias en los estudiantes: trabajar la dimensión técnica (uso de la IA), ética (límites, sesgos, autoría) y crítica (contrastar y cuestionar resultados).
  5. Garantizar equidad y acceso: invertir en infraestructura digital y cerrar la brecha tecnológica.
  6. Rediseñar la evaluación: pasar de la memorización a proyectos, resolución de problemas y defensa de ideas.
  7. Promover una visión de largo plazo: vincular la alfabetización en IA con la empleabilidad futura y la formación ciudadana.

El paso necesario es claro: dejar atrás el pánico al plagio y avanzar hacia la alfabetización en IA. Solo así será posible formar estudiantes capaces de pensar críticamente, actuar con responsabilidad y desenvolverse en un mundo donde la Inteligencia Artificial será parte de la vida cotidiana.

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